domingo, 20 de septiembre de 2009
martes, 15 de septiembre de 2009
Sin rodeos
Apuntando al cielo con una caricia al aire le dijo:
- ¡Mira¡ parece un lienzo perfecto en espera de ser llenado. Ese dorado casi blanco es tan bello…casi inmaculado, casi que los ojos no se atreven a mirar su brillantez cegadora. Y si se aventuran, la mirada se perderá en los brazos de su luz como un fanático religioso extasiado al pum pum de la ceremonia.
Sus ojos de corcholata no se habían cegado por el lienzo matinal pero, realmente se esforzaba en encontrar algo más que un día medio soleado. Como buscando maravillarse, casi forzada permaneció unos segundos boquiabierta esquivando los rayos del sol sin decir palabra.
- No puedo dejar de mirarte. Sé que es rápido pero me estoy enamorando de ti. Tus ojos son como dos duendes que me han embriagado con el fin de perderme en lo más espeso de tu bosque y, ya dentro me siento muy mal por causarte este daño…Haberte penetrado con la ayuda de esos dos. Já… Pero ¿sabes una cosa? No pervertiré tus encantos. No. No soportaría la idea de que después de mí ,corras a derramar abrazos inmerecidos. Te prefiero blanca. ¡Y te lo juro¡, yo ,me quedo con ésta para cuando tú no estés o para cuando al deseo se le acaben las hojas de su diario.
Dijo el hombre al sacar de su cartera la fotografía de una modelo porno, mostrando sus pesados senos que casi pedían ser tocados. Parecían como dos gelatinas de guayaba que se movían retando al que las mira provocándolo. Mientras, la modelo, tratando de distraer o tal vez de poner a prueba al espectador mantuvo sus negros ojos fijos a la cámara.
- ¿Podemos ir ya por la pizza?
martes, 8 de septiembre de 2009
Tarde
Cálida hiedra mi devota irreparable
urde sápidas caricias en el sepulcro de mis flores,
y en el nicho donde yaces lustre
colibríes ansiosos por penetrar el alba
aturden el saber incuestionable
que al rítmico canon de tus hojas
desmaya la razón y agita el canto
que en baladros se pregunta:
¿Soy vida o soy muerte?
¿Somos acaso una misma?
martes, 18 de agosto de 2009
Aún no es alcalde y ya quiere comer de balde
Llegué impuntual a casa de Pilar, a propósito, pues la conozco y sé que cuando yo paso por ella invariablemente me invita a tomar algo mientras termina de arreglarse. La semana pasada estuvimos muy ocupadas buscando una fiesta entre nuestras amistades, pero nada de nada; así que gracias a lo observadora que es Pilar llamamos al sonido que siempre ameniza las fiestecillas que rondamos.
- Oiga, mmm, disculpe, ¿dónde trabajará hoy?
- ¿Quién habla?
- Este, mmm, lo que pasa es que usted no nos conoce, pero somos unas chicas que siempre hemos visto que su sonido está en las fiestas electrónicas a las que vamos y pues como no hemos podido averiguar donde hay una fiesta hoy pensamos que tal vez usted sabría.
- Ah, y, ¿cuántas son?
- Somos dos
- Bueno pues yo soy Manuel, soy Dj y dueño del sonido Ibiza Master y pues sí, hoy habrá una fiesta en el Búnker a las 10, de hecho yo voy a tocar. Si quieren pueden ir, yo las invito, lleguen a la puerta y pregunten por Manuel Cali.
Eran las 11 de la noche y salimos de casa de Pilar con sendos abrigos de peluche y todo el disfraz. Sinceramente yo me sentía un poco incómoda, pero Pili que es mucho más glamurosa que yo me dio el valor necesario para ir a una fiesta.
- Amiga, hoy vamos a conocer al hombre de nuestras vidas, tú piensa positivo, ya verás, recuerda que la vida es una ruleta, tal vez hoy nos toque estar arriba¡¡¡ y para que eso suceda atráelo, los pensamientos se materializan, como te ves te sientes. Tú ten fe, ya sabes, la fe mueve montañas. Además a burro grande ande o no ande.
Yo sólo necesitaba estar en la pista de baile, bailar, soñar y si todo salía muy bien, pues conocer a un hombre de cabello oscuro que no esté ni muy arreglado ni muy perfumado y sobre todo que tenga más de 25.
El tal Manuel Cali era más o menos simpático, tendría como unos 28, pero estaba demasiado perfumado y demasiado alcoholizado, el tipo apestaba. Parecía que ya tenía planes para nosotras. Nos trató con tal cordialidad que al principio pensamos que se trataba de un verdadero caballero. Coqueteaba con una y con otra, y cuando subió a su tornamesa no dejaba de lanzarnos miraditas. Pilar y yo charlábamos a cerca de la suerte que teníamos esa noche, de la buena vibra y del excelente ejemplar que era este tal Manuel Cali. Yo fui por unas bebidas y cuando regresé nuestro hombre bailaba con Pilar. Yo me quedé sentada en los sillones de vaca, pastando y dando sorbos a mi alfonso. Ya llevaban como tres canciones cuando se abrazaron. Me hubiera puesto a bailar sola pero la música era demasiado gay. Todo era risa y aplausos, sentada frente a los dos bailarines que cada vez se veían más subiditos de tono mientras que yo hasta me había vuelto a poner mi abrigo. Sentí un poco de celos a pesar de que el tipo no era mi tipo, pero los celos son una cosa rara muy parecida a los hombres. Aparecen de repente y no los puedes controlar.
En eso Pilar se va al baño y el Dj vino a darme mi premio de consolación.
- ¡Al fin solos¡
- Uhum
- Si, desde que las vi entrar quise bailar contigo, pero pues no se dio. Tu amiga me sacó a bailar y ni cómo negarme. Mira, te quiero dar este disco es el único que traigo y me gustaría dártelo a ti, es mi primer disco, yo lo mezclé todito. Nada más no se lo digas a tu amiga, se puede ofender y no es mi intención, yo soy un caballero.
Recibí el disco, distraje un momento mi mirada de él mientras lo guardaba en mi bolso y de repente, de un movimiento brusco que tal vez un amateur no podría realizar, el tipo quiso arrancarme los labios de un lengüetazo. Por instantes tuve el impulso de corresponderle pero su perfume me mareó tanto y junto con los alfonsos que ya traía encima estuve a punto de darle un regaderazo (le hacía falta pues seguía apestando).
Nauseabunda corrí al baño y ahí estaba Pilar frente al espejo toda emocionada porque el galancito la había besado en la pista, ¡vaya que era un profesional¡ guaaaaaaaaaaaaaaaa, yo que no les despegué la mirada ¡ni me di cuenta¡. Creí conveniente decirle a Pilar que el tipo era un ladrón de bocas. Dudé, pues sabía que eso interrumpiría la buena vibra que andaba generando, pero tuve que hacerlo, no quería que mi amiga terminara atrás de una bocina toda greñuda, con la boca embarrada sobre su cara y con la ilusión de haber encontrado al hombre de su vida. La sorpresa fue para las dos y la buena vibra nos cayó como temblor pues el señor DJ nos dijo lo mismito y nos dio el famoso disco “único” a las dos para asegurarse de que alguna caería.
Ya en la pista los dos discos rodaron, pero antes el tipo tuvo que escuchar el manifiesto “Lupita D’alessio” y un duro y sentencioso “de estas pulgas no brincan en tu petate”, “de esta monada, nada” por parte de Pilar.
Los dos abrigos abordaron un taxi, el DJ no se daba por vencido y corría gritando “no se vashan” y de un salto ya estaba dentro, salimos por la puerta izquierda y entramos por la otra mientras Manuel seguía haciendo su ridícula persecución gateando en los asientos; finalmente lo echamos de un patín al suelo y pedimos al taxista que arrancara. Partimos festejando entre carcajadas “¡qué dijiste, cuatro tetas jalan más que dos carretas¡ ¿no?” cuando de repente Pilar tronó en llanto
- ¡Ay amiga¡ ¡a grandes ilusiones grandes problemas¡ mira nada más y yo que creí que el tipo era un partido. Pero no importa, lo que no me mata me fortalece, así que borrón y cuenta nueva.
A mí la verdad me dio mucha risa que Pilar haya creído que el DJ era el hombre de su vida, y sobre todo por las condiciones en que lo conocimos. Pero total, yo también ando en la misma búsqueda, y si el tipo hubiera tenido el cabello oscuro y un look desenfadado puede que yo hubiera creído lo mismo; aunque tengo a Román a veces quisiera encontrarlo de nuevo, siento como si lo hubiera perdido pues ahora que anda en el DF estudiando no sé qué diablos siento que se me escapa y cada que voy a una fiesta quiero volver a encontrarlo, volver a vivir esa emoción que tuve al conocerlo.
viernes, 31 de julio de 2009
La venganza de la güera
No cabe duda, a veces es mejor pensar con las piernas.
Cerca de las 8 de la noche iban los tres en la camioneta amarilla rumbo al baile en Pómaro, la güera había esperado el día con tal emoción que no le importó tener que hacerse acompañar de la tía, pues su padre la condicionó a llevar una chaperona. Pero bueno, ésta no era cualquier chaperona, era la tía recién llegada de Estados Unidos con la mente bien abierta y dispuesta a ser cómplice de la chiquilla en ese día. Finalmente no cualquier muchacha de Pómaro puede hacerse acompañar de un sueco así como así, y qué bueno que la tía lo entendiera.
- ¡Las mujeres de Pómaro son para los hombres Pómaro¡- dijo el tío, recordándole las cartas de la Reina Isabel, esas que su pueblo atesora pues son el testimonio de que las tierras les pertenecen, la Reina se las dio.
- Mujer es tierra, acuérdate, y si le das tu hija al sueco, pues tendrás que darle tu tierra también, y eso, el pueblo no lo va a permitir… allá tú si quieres darle a tu hija, pero las tierras, ¡nada¡, ¡mejor que se la lleve lejos¡-
Quién sabe qué habrá sido, pero la gente dice que los francos no tuvieron nada que ver, que el suizo se ganó a la familia “a la buena”. Eso sí, lo de andar dando hijas nunca pasó, pues dicen que el suizo nunca “la pidió” pero que la trataba muy bien y siempre se les veía cariñosos en la camioneta amarilla.
Entre el baile, las chelas y las luces, a la güera le empezó a dar el váguido, y al darse cuenta de que su suizo no estaba con ella todo empezó a ponerse tan prieto como la misma noche. Lo llamaba a gritos, vomitaba, escupía; las otras jovencitas empezaron a verla muy mal y le ayudaron a buscar a su suizo. No quiero adelantarme, pero, yo estuve alguna vez en la mismita situación, no contaré lo que pasó, pero una cosa es segura. Cuando el novio no aparece en una fiestecita, lo mejor es olvidarse de que existe y pasarla lo mejor que se pueda.
Pero las mujeres no aprendemos de consejitos inútiles, y la güera, actuó cual mujer ebria y enamorada en busca de su hombre, sólo que su hombre, ya no era tan suyo pues la tía se estaba cobrando su parte de complicidad con unos buenos apretones en la dichosa camioneta amarilla que, esa sí no se cansó de “bailar” en toda la noche. Y si del amor del suizo hacia la güera ahora tienen dudas, algo certero tenia la güera. Ese suizo sería su mortaja, así lo decidió en cuanto los vio y la rabia por sus venas sólo le hablaba de venganza.
La tía, con todo y los dolorcitos en el vientre, las piernas temblorosas todavía destilando amor (por no decir pulque) dijo al suizo que no se preocupara, que andaba borracha, que la iba a llevar a dormir a su casa para que su padre la aplacara. ¡Claro¡, el suizo embriagado de mujeres pues ya nomás pensaba en írsela a curar al día siguiente, y en unos tres días ir a buscar a la güera, que como buena enamorada –claro está- le otorgaría el perdón.
Muchas veces somos perversas, y pregunten si no a cualquier mujer engañada. La tía quiso divertirse un ratito más y no hacer ruido, así que llevó a la muchacha a una chocita cerca de la carretera y lejos de las casas. Nadie la escuchó berrear como lo hizo toda la noche y por la madrugada un primo pasó muy temprano antes de ir a la pesca. La güera ya nomás se balanceaba de una sábana colgada al techo.
Dicen en Pómaro que el suizo andaba inconsolable, pero muy tarde, ése amor ya no le sirve a la güera.
miércoles, 29 de julio de 2009
Gina Vouyeur
Extraño enormemente a mi blog y aunque llevamos muy poco tiempo juntos yo ya le he tomado mucho cariñito. Esto de andarme exhibiendo me anda gustando demasiado.
martes, 7 de julio de 2009
Los guardacachivaches
Nuevamente, demandando nuestra atención dijo – soy árabe, puedo hablar contigo pero no con tu mujer, mi mujer lo prohíbe-. Ante la advertencia los dos guardamos silencio. Yo pensé que Román se estaba solidarizando conmigo. El hombre decía venir huyendo de Suiza y España, nosotros nos preguntábamos mil cosas pero guardábamos silencio. Una vez que Román se acabó su tlacoyo dijo –a mí me encantaría poder estar en Suiza o en España-.
-¡El mundo está lleno de gente estúpida¡, ¿Creen que ahí van a encontrar la felicidad? ¡Todo está podrido por la miseria¡¡ ¡¡Todo¡¡¡ ¡Todos los lugares son el mismo lugar¡ ¿No se dan cuenta? Mira¡¡
El hombre enfurecido saca un celular de su bolsillo y le muestra a Román una foto.
-Qué bonita niña ¿es tu hija?- dijo Román contemplando seriamente la foto
-No tengo hijos, no los tendré nunca porque acabarán igual que ella-. Renegó el árabe
Luego le muestra a Román otra foto en la que yo apenas alcancé a ver de reojo unas manchas borrosas.
-No distingo qué es- dijo Román
-No es nada. Sólo es la niña que flota como mosca cuando se tiró desde un edificio en Suiza. A nadie le importó hasta que hubo que quitar las manchas de la calle. Y qué crees ¿Que quería comer? ¿Que quería dinero? Lo dudo-.
Yo hice de mi tlacoyo una bolita de maza en mis manos. Pensaba que esa niña no tenía ningún guardacachivaches.
La lluvia nos dio otra oportunidad de comenzar el día. Corrimos con todas nuestras fuerzas, el coche estaba lejos y yo sólo quería que Coyoacán borrara a la niña suspendida en el aire.
La lluvia arreció y desde dentro del auto veía a la gente correr. Nadie quería mojarse. Nadie quiere morirse tampoco. Nadie quiere estar solo. Ni Román, por eso se llena de mujeres cuando yo no estoy. Ni yo, por eso me lleno de cursos y de películas cuando no está él, también de amigos con los que me hago fantasías en mi cabeza pero que pocas veces he llevado a la realidad. Sólo pocas veces.
El semáforo en rojo, la lluvia en el parabrisas, Román limpia los vidrios y unos niños se revelan en el crucero. Las gotas vuelven a tapar lo que hay afuera. Yo le pido a Román que deje las gotas, que no las limpie, que apague el parabrisas. Coyoacán nos espera.
